31 de diciembre de 2018

Consideraciones de fin de año

Hemos dado otra vuelta alrededor del sol desde la última vez que iniciamos el conteo. El año es una marca arbitraria en el camino, pero podría decirse que es nuestra marca y que es útil por lo menos para medir progreso, aunque también sea cuestión de nuestra invención. Hay tanto que damos por sentado que es asunto de la imaginación.

Yo me encuentro aquí mirando al año que ha pasado y a la persona que fui a principio de este ciclo con el tipo de sonrisa que uno reserva para un niño: ah, qué inocente eras cuando a pesar de tu propio juicio te proponías esto o aquello para el año que vendría.

Esto supongo que nos aplica a todos, tanto por lo que no esperábamos que sucediera y sucedió como por lo que queríamos que se diera y no se dio. El inevitable corolario es que cada vez hemos cambiado y en lo que a mí cuenta nunca es de una manera simple que se pueda caracterizar como progreso o retroceso. Es difícil, entonces, darle sentido a un año y, luego de estas consideraciones, resulta ilógico proponerse un curso definido. Pero lo hacemos. Es nuestra naturaleza.

Termino este ciclo con sensación de vértigo, porque mucho (tal vez más de lo acostumbrado) resultó de circunstancias inesperadas y todavía inenarrables. Este año, alguien cercano a mí se quitó la vida mientras que otra persona a quien le debo la vida ha estado luchando por la suya. Ante estos grandes contrastes quedan relegadas muchas otras consideraciones.

Baste con decir que este ha sido un año de tribulaciones y que me acerco a su fin como el soñador de mi cuento recién publicado en inglés, Welcome to the Fatherland (“Bienvenido a la patria”), después de mucho chapalear, sin saber si habré tocado la orilla. A la vez he tenido esos momentos brillantes, relámpagos que anticipan la claridad de otro día o que iluminan suficientemente el sendero para saber que no caminamos solos.

En estas largas noches me han venido a la mente estos versos de la tribu Crow:

Por la noche, cuando estamos acostados, escuchando el viento que zumba en los árboles sin color, ignoramos cómo nos dormimos, pero nos dormimos, ¿no es cierto?

Suelo medir el progreso por lo que he escrito, publicado y leído en doce meses, y esta ha sido una etapa más formativa que creativa. No tengo más que refugiarme en el optimismo, confiando en que las temporadas seguirán su curso, ¿no es cierto?

6 comentarios:

Joselu dijo...

Una hermosa sorpresa encontrar tu testimonio de viajero existencial en que te es esencial seguir aprendiendo y reflexionando sobre tu propio vivir y la conciencia que lo acompaña. Me ha gustado el pensamiento de los indios Crow. Lo utilizaré en mi blog.

Víctor Manuel Ramos dijo...

José Luis, después de algo de lucha, te he logrado responder allí, pero no quería dejar de decir algo en este espacio también. Como señalé, esta y otras oraciones que guardo de los nativos americanos las veo como koanes, acertijos espirituales que dejan abiertas otras preguntas vitales, porque en su simplicidad esconden mucho más de lo que la palabra puede decir. Gracias por ser uno de los viajeros que veo entre los destellos.

Argénida Romero dijo...

Gracias por tu reflexión de fin de año. Hace tiempo deje de poner metas para año nuevo, y en parte es por lo mismo que dices. Aunque siempre me planteo planes, es como dices, nuestra naturaleza. Un abrazo enorme y espero que en 2019 sean más las sonrisas que las lágrimas.

Víctor Manuel Ramos dijo...

Espero que así sea para todos, Argénida. Todos sabemos este asunto de que los planes son planes y la vida es la vida, pero es bueno que seguimos siendo optimistas y proponiéndonos cosas.

Rosa María dijo...

Hola mi amigo Dominicano, de Florida y de New York, un abrazo de año nuevo desde el ciberespacio.
Asi es momento para reflexionar, esa es la vida a mi me gusta plantearme metas, eso como que me da un impulso a principio de año y aunque ese impulso se va difuminando con el tiempo siempre aparece algo para tachar a fin de año, que hace sentir bien.
Y que me dices de la meta obligada de bajar de peso, esa no se queda, jajaja

Víctor Manuel Ramos dijo...

Hola Rosa María, qué bueno saber de ti y recibir el abrazo. Va de mi parte también. Tengo que escribir más a ver si las amistades siguen reapareciendo. Las metas del año parecen muy grandes siempre y tal vez hay otras más alcanzables, digamos, esta semana, y así llegaremos al final de año con una lista como esa que dices, o mejor. La del peso... Bueno, es un síntoma de nuestra época.

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