Poesía en medio del camino

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domingo, junio 08, 2014
En los momentos difíciles mucha gente recurre a la oración, pero yo me refugio en la poesía. Es una práctica que adopté de casualidad por haberme cruzado más de una vez con algún verso que en ese momento correspondía a alguna inquietud que me agitaba.

No sé cuando lo empecé a notar porque mi lectura de versos es mínima en comparación al tiempo dedicado a otros géneros, pero puedo decir que las palabras precisas de algún verso me han caído como un baño de agua fresca en lugares inesperados, caminando tal vez por una estación del subterráneo de Nueva York y encontrándome con uno de esos cárteles de la campaña de "poesía en movimiento" que hace un par de décadas inició alguna persona genial dentro de la autoridad de tránsito.

Como estos versos de la estadounidense Tracy K. Smith, una poeta a la que hasta ese momento desconocía, pero cuyas palabras aparecían en el dorso de una MetroCard (la tarjeta que usan los neoyorquinos para pagar la tarifa de entrada a los trenes), y que yo mal traduzco aquí:

Cuando algunas gentes hablan de dinero
Hablan como si éste fuera un amante misterioso
Que salió a comprar leche y nunca
Regresó, y me hacen sentir nostalgia
De los años en que yo vivía de pan y café,
Hambrienta todo el tiempo, caminando a trabajar en días de pago
Como una mujer viajando hacia el agua
Desde una villa sin pozo, viviendo entonces
Una o dos noches como todos los demás
De pollo rostizado y vino tinto.

Y ya ven, con esas oraciones -- muy distintas de las plegarias serviles de la fe -- se transforma un momento cualquiera en otro instante, donde uno ya no anda solo por la vida, sino que se reconoce en las palabras de otros, y en lo que éstas contienen.

Todo esto para decir que la poesía la necesitamos más que nunca, aunque sea el género menos vendido, y a la vez más abusado, de la literatura. Menos vendido tal vez porque en su mayor parte se resiste al mercantilismo en pos de ese dinero que algunos tratan "como si fuera un amante misterioso". Más abusado, desde mi punto de vista, porque muchas personas se dicen poetas porque saben escribir oraciones o contar sílabas, pero hay mucho más en ello, una sabiduría de percepción que acerca a los verdaderos poetas a los filósofos.

Me pregunto por qué la poesía tiene un efecto tan poderoso cuando, a veces partiendo desde lo más sencillo y basándose en su economía de palabras, comunica algo demasiado extenso, pero eso no lo puedo contestar porque no soy experto en literatura ni soy poeta. Tampoco soy, como ya dije, gran lector de poesía, y no es que me contradiga, sino que por lo general la poesía solamente la puedo tomar a sorbos, como se toma un licor añejo: Abro la página, saboreo, me detengo y siento el líquido moverse por mis adentros, anticipando la euforia del trago. No podría repetir y repetir esa experiencia sin reducirla y a la vez desgastarme.

Algo sucede en el cerebro humano cuando palabra tras palabra se enlaza de manera certera, con las pausas e interrupciones necesarias, con la limpieza de sintaxis, la precisión de medidas (aunque sean improvisadas como las notas de un jazz) y los giros inesperados -- aquella imagen que corta y que contiene todo el poema. A veces el secreto de la poesía es un reconocimiento, una secreta hermandad con quien escribe, una nueva manera de ver las cosas, o una vieja manera de estar en el mundo, que seguramente se desprende de algunos destellos de claridad y de la exquisita sensibilidad de quien los captura.

Me ha pasado con versos de distintas latitudes, aún sobre situaciones que no he vivido y que no me afectan, pero que me transportan a esas vidas paralelas y me hacen vivirlas en corazones ajenos. Todo esto yo lo diría si alguien me preguntara para qué sirve la poesía: sirve para nada porque no resuelve nada y terminas en el mismo mundo que comenzaste, pero a la vez sirve para iluminar tu camino y recordarte que tus problemas no son únicos, que tal vez ni son problemas, y que alguna otra voz en algún desierto clama tu mismo grito.

No toda poesía te alivia. Alguna viene y te echa sal en la herida, y sobre esa tengo poco que decir, excepto que acompaña a quien la lee en su dolor. ¿Y no es eso también lo que hace la oración?

Tampoco podría decirse que toda poesía es seria, o siquiera sobre asuntos importantes. La experiencia lúdica es a veces tan efectiva como la empatía en el sentido de que te dice, "Ven, vamos a reírnos un poco de la vida, y de nosotros mismos," aligerando por defecto la carga de existir.

Me pasó el otro día cuando, acabando de salir de una librería con una nueva antología internacional de poesía en la bolsa, me encontré que mi vehículo no reaccionaba y que mi tarde, hasta entonces perfecta y soleada, se convertiría en una serie de transacciones, gastos y espera demasiado prosaicas y calurosas para ser poéticas. Pero se me ocurrió abrir el volumen de poesías en busca de alguna luz, algún alivio. Lo que encontré en la página que me tocó al azar fue un juego de palabras, una burla más bien.

Decía el poema del brasileño Carlos Drummond de Andrade algo que medio-traduzco así:

En el medio del camino había una piedra
había una piedra en el medio del camino
había una piedra
en el medio del camino había una piedra.

Nunca se me olvidará este evento
en la vida de mis retinas fatigadas.
Nunca olvidaré que en el medio del camino
había una piedra
había una piedra en el medio del camino
en el medio del camino había una piedra.

Viéndome allí, varado en medio del camino y con mis retinas fatigadas, yo no pude más que sonreír.

Sobre el autor

Víctor Manuel Ramos es un periodista y escritor bilingüe radicado en Nueva York. Se ha desempeñado como redactor para varios medios de publicación diaria en Estados Unidos. Es autor de cuento y novela y ha publicado los libros Morirsoñando: Cuentos agridulces y La vida pasajera.

9 comentarios:

  1. por fin encontre a Dolorito de Lehman College,

    Que Dios te Bendiga por donde quiera que vallas!!!!!

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  2. ¡Américo! Sé que eres tú porque eres el único que me llama así. Buenos días aquellos en que me prestaste «La resaca» de Enrique Laguerre. Me alegra escuchar de ti, aunque sea en anónimo. Me puedes encontrar en Facebook, con el mismo nombre y la misma cara. Saludos.

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  3. Cuando estoy muy agobiada, pero tiene que ser muy agobiada, me siento en una iglesia y pienso que si Dios existe no hacen falta palabras para explicarle lo que quiero. Me quedo allí un ratito y luego me marcho. Pero con tu entrada me has recordado que también recurro a los versos en esos momentos y me digo: "Tanto dolor se agrupa en mi costado que por doler me duele hasta el aliento".

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    1. Lola, también me atrae la majestuosidad y quietud de los templos, y a veces voy de turista, y al buscar esa "Elegía" de Miguel Hernández me doy cuenta que vivió en tu pueblo, algo que de seguro lo humaniza más para ti, aunque con sus palabras es suficiente.

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  4. Mi querido Víctor,
    La poesía para mí es un laxativo embriagante en el que me envuelvo. Esto es igual cuando tengo una emoción fuerte de pena, despego, soledad o pasión. ¿Poeta? ¡Si lo soy! Me tomo tiempo admitirlo, pero he comprendido que es un medio de expresión el cual se me hace fácil y me libera de tanto.
    ¡Si el leerla libera a otros, maravilloso! Quiere decir que poesía es oración que nos transporta en emociones al paraíso de lo más profundo de nuestro ser.
    Tú amiga,
    Mariposa de Mayo

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    1. Hola Mari (te estoy acortando el nombre y el pseudónimo, pero es de cariño), la lectura de poesía puede ser una experiencia intensa, como intentas describir, o no: puede ser cuestión muy sencilla también, y en nuestro mundo a veces eso es difícil de encontrar.

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  5. Yo también he sonreído. En esos versos de la piedra en el camino hay ingenio, hay gracia y humanismo. Es un misterio por qué algo es poético y otra cosa no lo es. Es un don que me gustaría tener para evocar la magia y el misterio del lenguaje con las palabras. Yo tampoco soy un gran lector de poesía. Me cuesta leerla, y es cierto que hay que hacerlo en pequeñas dosis. No se puede leer como una novela. Vivimos un tiempo que discurre demasiado agitado para detenerse en un poema. Hay intentos en FB de seleccionar versos que muchas veces me resultan empalagosos o extremadamente resultones. El poeta efectivamente nace. Un novelista se puede hacer, pero un poeta es algo diferente.

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    1. ¿Qué es poesía? Es una buena pregunta que no sé cómo contestar, pero uno la reconoce cuando la lee o la oye. El uso de la lengua es importante, pero hay algo antes del lenguaje que es más difícil de identificar. Hay tantos factores que se reúnen en crear un escritor de cualquier tipo que siempre me ha parecido que esa otra pregunta de si se nace o se hace al escritor (en general) es menos acertada. A mi parecer el escritor tanto nace como se hace.

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  6. Poeta! Se nace y se hace, pues muchas veces hay que trabajar la idea original.

    "Emociones efímeras
    Corriendo por toda tu mente
    Dando entrada a tu espacio interior"
    Mariposa de Mayo

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