20 de julio de 2007

Las lágrimas del arte.

Un personaje puede ser verdadero hasta las lágrimas. Puede arrancarnos de nuestra inercia y propulsarnos a la acción, o viceversa. Puede afectarnos de manera profunda.

¿A qué se debe esto? ¿Será que la prosa bien trazada nos lleva a un delirio? ¿Será que olvidamos que aquello es ficción?

No lo olvidamos. Más bien sufrimos porque sabemos que, a pesar de los hechos, hay algo que va más allá del simple recuento de las cosas. Sabemos que la verdad trasciende nuestras pequeñas identidades, y que puede ser verbo y hacerse carne.

Es un misterio al que acudimos cada vez que nos conmueve un cuento; cada vez que nos embriaga una novela; o cuando nos hace temblar la fuerza de un actor. ¿Y qué decir de una poesía? Acomodamos las formas para que sean receptáculo de algo que no tiene formas.

Y esas lágrimas que provienen del arte pueden ser más puras que las que identificamos con nuestros apegos, intereses y temores.

6 comentarios:

Sonia T. dijo...

Es que el arte en todas sus formas encierra en si la capacidad para conmovernos, para revolvernos por dentro, y revelarnos a nosotros mismos en los entes de ficción. Es un espejo en el que nos reflejamos a veces como somos a veces como y otras como quisiéramos ser.

Saludos!

peregrina dijo...

son las que tal vez caen desde el alma misma
El arte nos suele hacer esas cosas

Joselu dijo...

En esos personajes y en esas novelas que nos emocionan encuentro una capacidad de llevarnos más allá de nuestros límites personales -nos proyectan más allá de nosotros mismos- pero a la vez, nos penetran hasta la médula, llegan a la sustancia íntima de nuestro ser. La buena literatura, como todo el gran arte, es un misterio maravilloso.

Baakanit dijo...

Dicen por ahí que el efecto que algunos personajes pueden tener sobre nosotros, depende mucho en lo que hayamos vivido, en nuestro bagage personal, eso permite vernos reflejados en esos personajes y sentir tras cada acción lo que ellos sienten.

saludos

Sol dijo...

Son las palabras en si, acomodadas de cierto modo, tejidas a tal perfeccion, que me conmueven hasta las lagrimas. No tanto las historias, pero la belleza de las palabras que buscan sonido y las tengo que leer en voz alta para darles, y darme, vida

Silvia Porras dijo...

Esas lagrimas se amontonan en nuestro cerebro y la purificacion nos libera

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