El estoicismo no es lo que parece

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sábado, marzo 02, 2013
Hay muchas cosas en la vida que no se pueden controlar, entre ellas ese gran vacío que llamamos futuro. ¿Por qué ocuparse de ellas si están fuera de la propia esfera de acción? Tanto desear como rechazar lo que no se puede poseer o impedir es generar frustraciones. Tiene sentido contemplar las consecuencias de las propias acciones antes de irse por un camino, pero una vez escogido hay que pagar el precio.

Estos consejos de sentido común los he encontrado en una interpretación de las enseñanzas de Epícteto, un filósofo griego de los que pertenecían a la escuela del estoicismo a principios del primer milenio de la era común. Me ha sorprendido la lectura porque la noción generalizada del estoicismo es una caricatura de personas reprimidas y de gran tolerancia al sufrimiento.

Es cierto que en su propuesta hacia una vida virtuosa y desapasionada Epícteto y los estoicos se alejan de la conducta impulsiva, pero eso es en busca de un propósito que le sería común a cualquier profeta de la autoayuda: la felicidad.

Se me ocurre que, de vivir Epícteto en nuestros días, y de poner un buen plan de promoción para sus ideas, sería un hombre muy afortunado. Hay un gran mercado para ese tipo de libros que prometen solucionar los conflictos y la angustia del diario vivir, particularmente si se dividen en un número específico de claves o pasos.

Epícteto me parece una alternativa para quienes no apetecen a los gurúes de moda pero entienden que hay una sabiduría en el buen vivir, en particular porque sus preceptos conforman un sistema de ética que no exige alguna doctrina religiosa.  Tras varias lecturas relacionadas, noto que en las ocasiones en que Epícteto y los estoicos hablaban de Dios se referían a una idea panteísta y no a una caricatura que exige votos de adoración. Visto de esta manera, Dios es lo mismo que decir Universo, o Naturaleza, o Vida, o hasta Big Bang.

Hace mucho que dejé de referirme a una corriente de pensamiento (llámese sagrada o no) por exclusividad, pero me parece que estas ideas merecen atención como parte de una buena mezcla de influencias para la propia formación, así fuera por su sentido práctico y de responsabilidad hacia la propia vida: no son los eventos y otras gentes que nos afectan, decía Epícteto, sino las representaciones que formamos de estos. La vida es ilusoria, insisten otros preceptos, y las cosas no son lo que parecen.

Entre sus consejos hasta encontré uno que me aplica directamente y que hace mucho acepto como una construcción lógica: “Si quieres ser escritor, escribe”.

Sobre el autor

Víctor Manuel Ramos es un periodista y escritor bilingüe radicado en Nueva York. Se ha desempeñado como redactor para varios medios de publicación diaria en Estados Unidos. Es autor de cuento y novela y ha publicado los libros Morirsoñando: Cuentos agridulces y La vida pasajera.

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