Basado en la vida real

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sábado, enero 21, 2017
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En otros tiempos yo me reía de la ficción y prefería libros que me hablaran de asuntos reales, aficionado como era desde niño al oficio periodístico y su misión de verificar, informar y poner en contexto lo que sucede en nuestras sociedades.

Ese fanatismo por los hechos hacía que leyera de mala manera las asignaciones escolares que me obligaban a seguir a personajes que nunca existieron, atrapados en conflictos que eran igual de imaginarios. A pesar de mis lamentos terminaba enfrascado en algún cuento o novela, como aquellas historias de vaqueros de Billy The Kid que leía para practicar inglés.

Y ya lo he contado, a la hora de viajar fuera de mi país de origen, me descubrí empacando mi maleta con libros, muchos de ellos pura ficción.

Años después me descubrí intentando yo mismo escribir relatos ficticios, sin explicarme del todo por qué. Para mí resultó ser esta una gran paradoja: a veces los hechos mienten y en ocasiones los relatos imaginarios nos acercan más a la verdad emocional de algo. Esto lo digo a pesar de ser periodista y de seguir venerando la importancia de los hechos.

En otros rieles paralelos corre este asunto de la verdad que depende de una reorientación deliberada de los hechos. En la ficción, sabemos que se da un juego, que los personajes y las situaciones pueden partir de alguna realidad documentable, pero no dependen de ella.

No obstante, son muchas las veces en las que al practicar este género he tenido que defenderlo de lectores cercanos a mí, que se encuentran a sí mismos escritos en algún texto, que reconocen algunos hechos “de la vida real” o que, incluso, piensan que solamente los nombres han cambiado y que los relatos son una especie de periodismo velado.

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