Letanía de un escritor cualquiera

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lunes, abril 25, 2016
El EscritorTú escribes porque quieres decir algo que sea verdadero y te pasas horas, días, semanas, quizás meses de tu vida, sentado frente a un teclado y poniendo una palabra detrás de la otra. Luego depuras el lenguaje en ese mundo narrativo de tu soledad y vas dándole forma a una expresión que para ti tiene sentido. Terminas y quieres compartir lo escrito, pero a la vez no quieres, porque te sueñas caminando completamente desnudo por una avenida llena de gente, tirando tus papeles a todos lados con escritos tuyos y se van como hojas marchitas que se lleva el viento.

Has caminado tan lejos que ya no puedes regresar al punto de partida, a aquella tarde lluviosa de oraciones melosas.

Descubres como cualquier escribidor -- prefieres este vocablo profano -- que la gente piensa que tiene mejores cosas que hacer que ponerse a leer.

Hay un nuevo programa en la tele en que un hombre y una mujer primermundistas tratan de sobrevivir desnudos en la jungla y se mueren de hambre y de sed, y los bichos se los comen vivos, pero son ellos los que aprenden a comer gusanos. Los ves tiritando desnudos en la oscuridad de la noche mientras se tapan bajo unas ramas y se abrazan. La gente de privilegio es así. Les gusta sufrir a voluntad.

Los más jóvenes no necesitan imaginar personajes cuando ellos pueden ser esos personajes en alguna realidad virtual que, sin ningún sentido de ironía, se empeña en parecer más real que la misma realidad de la que escapa. Ellos pueden pilotear una nave, volar cabezas, seducir al sexo opuesto y vivir todo un arco narrativo de subidas y bajadas inmensas. Siempre con miles de oportunidades para salir triunfadores.

En este mundo comercial todo se ha vuelto una marca. Tú no eres una marca. Nadie te reconoce. Nadie te va a comprar.

Para ser una marca tienes que venderte, y no quieres hacerlo. Puedes escribir la porquería que se espera que escribas; un relato con ciertos personajes exóticos y de conducta arriesgada, hombres que se comen a las mujeres de desayuno y mujeres que pueden exprimir limones con ciertos músculos innombrables. O puedes ir por el otro lado y escribir asuntos que nadie entiende y hablar de la poética en algún foro de esos donde la gente se lleva la mano al mentón y se rasca la barbilla. Vomitas de tan solo pensarlo.

Sabes, como cualquier escribiente, que la gente que te es más cercana piensa que es una excentricidad tuya ese asunto de hilvanar historias. Fingen interés en leerte, pero qué va. Si ya te conocen para qué molestarse en tragarse un monólogo tuyo sobre personajes y situaciones inventadas. Te han visto comer y reír y toser y tropezar con alguna piedra y eres demasiado común y corriente como para decir algo que no se haya dicho.

Es peor cuando te leen. A veces suponen que escribes solamente de sucesos que has visto o te han contado y andan buscándose en esas páginas. Tal vez se reconozcan de verdad, pero eso no te dará crédito por capturarlos tal cual eran, sino que traerá queja o recelo. ¿Quién eres tú para robarles su esencia? ¿Quién eres tú?

Hay algo ilegítimo en lo que haces.

Entonces, ¿para quién escribes? Diras que para ti, y eso es cierto, pero también escribes para esa persona que no te conoce ni te conocerá nunca, porque te conocerá mejor.


Fotografía "El escritor"; usada con licencia de Creative Commons. Para imagen completa visitar: https://flic.kr/p/jX2K2v

Sobre el autor

Víctor Manuel Ramos es un periodista y escritor bilingüe radicado en Nueva York. Se ha desempeñado como redactor para varios medios de publicación diaria en Estados Unidos. Es autor de cuento y novela y ha publicado los libros Morirsoñando: Cuentos agridulces y La vida pasajera.

13 comentarios:

  1. Los escritores son tan enredados.

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  2. No sé si conoces a Lucia Berlin Lucia Berlin, una escritora que murió en el anonimato cuya obra ha sido descubierta una década después de su partida. Nación en Alaska y murió, tras una vida desdichada en Los Angeles.

    Supongo que en esto la cuestión es valer y que alguien te descubra. A ser posible, claro, antes de que te mueras, jajajajaja.

    Tengo un amigo que escribe como los ángeles pero su estilo es anticuado, retórico, ampuloso, nada atractivo. Sus tema son inactuales y me resultan poco productivos. Lleva toda su vida dedicada a la escritura compulsiva. Ha editado varios libros sin éxito. Solo alguno juvenil le reportó alguna ganancia. Solo lee autores raros, fuera de la época (autores latinos y griegos de segundo orden, escritores secundarios ilustrados del siglo XVIII). Yo sinceramente pienso que ha nacido fuera de época, pero por más que se lo digo, él se obstina en su forma anacrónica de escribir. No pienso que la posteridad lo descubra. A veces ha escrito una novela en su blog, sin apenas visitantes, para mí, su único seguidor. Es un privilegio. No lo entiendo. Tiene un dominio del lenguaje extraordinario. Yo no digo que escriba bestsellers pero sí algo más actual. Pero él vive en otro parauniverso al que no tengo acceso.

    Tú eres infinitamente más actual y tus temas son sugerentes. Otra cosa es que alguien te descubra, ese golpe de suerte que lleve a que la luz se centre en ti. No sé. Yo he leído Morirsoñando y me pareció muy interesante.

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    1. JL - no conozco esa escritora, pero es el caso de muchas y muchos. No se les descubre hasta mucho después de su paso por la tierra. Hay quienes nunca se descubrirán, como sugieres. Ahora, esta letanía podría leerse como propia, pero también podría leerse como una crítica menos personalizada. Para mí escribirla fue un ejercicio de escritura más que un lamento personal. He tenido la oportunidad de publicar y de que algunas personas me lean y quería capturar algo de la experiencia desde este lado del teclado (te agradezco, por cierto, que te hayas ocupado de ello, habiendo tanto por leer, y menciono de paso que estoy trabajando en una reedición de Morirsoñando, entre otros proyectos de libros). Algo de lo que quería expresar es esta extrañeza que he experimentado de recibir algún mensaje por los medios de alguien para mí desconocido y que leyó algo que escribí desde un lugar lejano, alguna ciudad y país que no he visitado, y que a veces ha dado señas de entender mejor lo que quise decir que alguien que me conoce mucho más cerca. Hay algo de la cercanía que impide que alguien vea lo que escribes, o lo que pintas, o la foto que tomas, sin juzgar en base a actos cotidianos, y que oscurece el significado. Lo digo porque a mí mismo me cuesta separar a los escritores que conozco de sus personalidades o de las historias que tenemos en común. Es diferente cuando conocemos primero a alguien por su pensamiento.

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  3. Para quién escribimos? Si al final todo es meaningless.

    Si se siente esa necesidad hay que hacerlo y seguir empujando la roca hasta la cima de la montaña.

    En este mundo digital se ve mucho más eccentric eso de escribir con tan poca gente que lee nowadays.

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    1. Engels, me ha gustado tu entrega descarada al Spanglish en este comentario. Pero si consideramos que todo es meaningless también podemos ver que somos nosotros who give meaning to life, y que la escritura es una creadora de significados. Hay más escritores que lectores por la facilidad de publicación, pero yo iba a otro aspecto de esto, pensando más en la gente que cree que te conoce y en la tendencia generalizada de seguir modas, #hashtags, people who have a name. That is where true meaninglessness abides.

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  4. He quedado prendada de este texto, y se me regala como una Sísifo...el texto, la piedra.

    ¿Escribimos para no olvidarnos o escribimos para borrarnos?

    Es complicado y a la vez simple: escribir.

    Una vaina

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    1. Sí. Somos como Sísifo. Sufrimos a voluntad en eterno confrontamiento con el absurdo en sus variados matices.

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  5. Mi querido amigo escritor, el escribir para mí no es otra cosa que descargar mi corazón. Por lo que te conozco sé que también lo haces.
    Escritores, sigamos haciendo lo que nuestro espíritu nos dicta. Benditos de aquellos que nos encuentran.
    Mariposa de Mayo

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  6. Ay, la soledad del escritor. Escribes porque no puedes dejar de hacerlo pero esperas que te entiendan. Yo he leído dos libros tuyos y he sido feliz leyéndolos. Te he conocido antes como persona que como escritor y esto, al leerte, me ha producido un algo bueno añadido.

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    1. Es verdad que no se puede dejar de hacerlo.

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    2. Y gracias por aquello de "algo bueno añadido". Ha sido un placer conocerte, Lola, aunque a veces preferiría que la escritura-lectura sucediera en otro plano en el que no se inmiscuyera lo personal y viceversa, no por no conocerte, y a otros amigos como tú, sino para preservar la pureza de ambas relaciones.

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