Los deportes y el individuo

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sábado, junio 14, 2014
En estos días de fiebre mundialista me da ganas de ver un partido, gritar a favor de algún equipo y tuitear esa etiqueta que nos invita a hablar en lenguaje imperativo con una conducta: #DileNoAlRacismo (vamos a ver cuántas décadas llevamos diciéndole "no" a otros males, pero ellos no nos escuchan). Esas ganas sólo (sí, insisto, por ahora, en poner el acento) me duran un rato, y termino echando una necesitada siesta frente al televisor.

Me pasa lo mismo cuando por unos días me pongo a mirar la Serie "Mundial" de béisbol invernal en Estados Unidos o las finales de la NBA. Soy un fanático muy veleidoso y puedo decir que las conversaciones extensas sobre deportes me aburren.

Al final de cuentas casi todos los deportes competitivos consisten de un correteo entre un grupo de hombres que persiguen el control de una pelota, algo así parecido a los cachorritos que se entretienen por largas horas rodando una bola de hilo. Y aunque hay competencias más individualistas, como el tenis, por ejemplo, el objetivo es declarar el mismo tipo de supremacía física entre un espécimen y otro (y el que ve por televisión se siente más poderoso si su equipo gana).

No es que odie los deportes, sino que no sostienen mi atención. Me parece que como actividad de grupo no está mal sentarse un rato y tomar partido y discutir con algunos amigos sobre algo que al final de cuentas no importa. Siempre que no se tome la cosa muy en serio es una excusa para congregarse.

También me parece que las Olimpiadas, a pesar del espíritu nacionalista que ocultan, son mejores alternativas que la guerra. Mejor pelearse por el derecho a alardearse tantas medallas de metal que ir a bombardear alguna ciudad, pero una cosa no ha prevenido que suceda la otra.

Este es el punto que quiero expresar: los deportes en masa han cobrado demasiada importancia y parecen cada vez más efectivos en distraernos más de la cuenta. Son en sí mismos grandes industrias sin materia prima en las que se mueven millones y billones y se remunera a sus estrellas de tal manera que no es difícil ver en esto el desbalance de la cultura global: un hombre que patea, batea, lanza o captura una pelota con mucha destreza recibe a veces el pago equivalente a todos los maestros y maestras que educan a los niños de la ciudad a la que éste supuestamente representa.

Los promotores de las grandes marcas corporativas saben lo importante que son los deportes para llegar a mentes hipnotizadas y manipularlas a comer, comprar y gastar. Por eso los eventos deportivos tienen los anuncios más caros de toda la programación televisiva.

¿Qué tiene de malo un poco de distracción? Nada, excepto que no hablamos de un poco. Hay ligas y partidos y torneos durante todo el año que llevan a muchos de la ilusión del triunfo a la derrota en un drama sin importancia, pero constante. Fácilmente podemos gastar todas nuestras vidas celebrando goles, canastas, puntos y jonrones ajenos.

Y al final, ¿nosotros qué?

Sobre el autor

Víctor Manuel Ramos es un periodista y escritor bilingüe radicado en Nueva York. Se ha desempeñado como redactor para varios medios de publicación diaria en Estados Unidos. Es autor de cuento y novela y ha publicado los libros Morirsoñando: Cuentos agridulces y La vida pasajera.

6 comentarios:

  1. Coincido contigo en lo que dices sobre tu falta de entusiasmo por los deportes especialmente los estrella. En España en el fútbol pero está por ver que yo me pare a ver un solo partido de la selección española, ni siquiera la final de hace cuatro años cuando ganó el mundial. Participé modestamente de la alegría es verdad de haberlo ganado y sentiré que este mundial no vaya medianementa bien, pero no es capaz de movilizarme demasiado tiempo. Lo impresionante es que estos deportes estrella son los únicos que concitan emociones compartidas en una mayoría de la población. No es la anunciada crisis planetaria con el calentamiento global, no. Esto no supone ninguna adhesión reivindicativa de un cambio de políticas, y, sin embargo, es un tema tan grave que conmociona que estemos pasando tan por encima de él.

    Yo no tuve ninguna educación sentimental en unos colores futboleros. Siempre vi el fútbol como algo ajeno a mí. Ni era jugador ni logré entenderlo, excepto que había que meter la pelota en la portería contraria. Tal vez me hubiera gustado haber sido aficionado para no estar aislado de estas emociones que se comparten, pero no fue así.

    Me carga que las competiciones deportivas tengan ese interés soberano para las masas de todos los países y que se proyecten opciones políticas sobre ellas.

    Un saludo cordial.

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    1. Joselu, me sucede que a veces mientras más se acrecenta el alboroto menos me interesa. Tal vez sean ganas de llevar la contraria. Jugaba pelota cuando chico, e incluso hace unos años atrás de adulto, pero hay una gran diferencia entre jugar y ser espectador. Es esto mismo a que te refieres lo que me molesta, que seguir deportes estuviera bien si la humanidad tuviera la misma capacidad para movilizarse en torno a temas importantes, pero no sucede. Estamos muy entretenidos para prestar atención a lo que realmente importa.

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  2. Pues más de lo mismo. Puse hace unos dias en facebook que me gusta que gane la selección española pero que hay temas que me preocupan mucho más. Con todo lo que tenemos encima y con lo que va a caer no entiendo demasiado esa locura futbolera que arrastra y aliena mentalmente a la multitud.

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    1. Eso sí, Lola, me he tomado un par de siestas muy buenas mientras corren los partidos.

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  3. Interesante reflexión. Me pone a pensar en muchas cosas, en especial ahora que llevo un ejercicio de escritura relacionado con el Mundial, un poco en serio y un poco en broma.

    Es un poco de todo, como la vida. El fanatismo me asusta mucho, y en fanatismo deportivo tanto como el religioso es de temer.

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    1. Hola Argénida, he leído algunas de tus notas sobre fútbol y me parece bien que compartas tu interés en el tema. Hace falta que más personas miren a los deportes desde fuera y con ojo crítico, porque, como aludes, en estos días en que las iglesias han perdido su capacidad de convocatoria las corporaciones deportivas siguen creciendo, y logrando el tipo de fe ciega hacia sus marcas que otros desearían. Hay que ver las implicaciones. Yo veo partidos como cualquier otro, pero no deja de faltarme escepticismo cuando se trata de ser fanático entregado. Tal vez por eso suelo escoger equipos que no ganan. Aparte de la simpatía por los más débiles es mi manera de decir que al fin y al cabo mi vida no cambiará un ápice si ganan o pierden y que por eso no me importa demasiado.

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