Rosa Silverio: de la desnudez a la intimidad.

4
viernes, diciembre 19, 2008
Purple Orchid

Hay que tener valor para desnudarse y dejar que otros, los que quieran, miren la propia forma con sus virtudes y defectos. Pero es aun más difícil llegar de esa etapa sensual y exhibicionista a la verdadera intimidad: la revelación más del alma que de sus envolturas.

La escritora dominicana Rosa Silverio hace las dos cosas en sus dos poemarios recientes: «Desnuda» permite la experiencia vouyerística de una mujer que en sí encarna a muchas mujeres; «Rosa íntima» nos lleva más allá, hasta la revelación que no es asunto de formas sino de una verdadera apertura emocional.

He leído estos libros en la secuencia en que fueron escritos. «Desnuda» fue publicado en 2005 y «Rosa íntima» en 2008. Mucho habrá sucedido en el espacio de esos tres años para crear una ruptura narrativa notable en sus versos, pero a ambos trabajos les une una angustia común que busca su refugio en la expresión sensual y su belleza.

En la primera de estas obras encuentro a una mujer que se descubre prisionera de su destino, tanto del que se hereda como del que escoge, y que a veces da la impresión de ser una fiera atrapada, incluso domesticada, sin mucho éxito:

Ya es tarde
y sólo se me ocurre recorrer la casa,
una de mis manos roza lentamente la pared,
mis dedos reconocen cada una de sus grietas,
diminutas hendiduras por donde se disuelven mis sueños.


Esos trenticinco poemas son una denuncia y un acto de rebelión que alcanzan su cima en la total desnudez, brutal y erótica:

Desnuda soy violenta,
tan fuerte como el puño que a veces me golpea
y luego regresa a exigir una caricia.


Hay menos de ese ímpetu en «Rosa íntima», pero hay más reflexión y una marcada tendencia hacia el desvarío existencial en la mejor tradición literaria. La rosa de estos trentiocho poemas tiene más espinas, pero enfocarse demasiado en ello sería perder la delicadeza de sus pétalos.

Si el libro anterior representaba una queja, este nos presenta a una mujer que asume su responsabilidad y reconoce más su identidad como ser sensible:

Mi tristeza es mía, única, egoísta,
con nadie quiero compartirla
y a nadie hago responsable de ella.


Mi experiencia más intensa en esta expedición hacia la intimidad de Silverio se dio cuando, recostado en la cama, con las cuerdas del “Concierto de Aranjuez” de fondo, me adentré en la oda a la tristeza que es su poesía «Extrañeza», su escrito mejor logrado. Casi podía oír la lluvia de sus versos golpeando el cristal.

Me doy el permiso, a menos que Rosa me lo quite, para reproducir ese poema:

Qué es esta extrañeza,
esta lluvia incesante y desacostumbrada,
este golpeteo en el corazón desnudo,
este irse y venir en mis adentros,
estas hojas que caen y caen y caen
totalmente frías y descoloridas en mis tardes.
Qué es este silencio y este rumor simultáneo,
esta necesidad de palparme
y constatar que estoy en este mundo,
que aún no he muerto,
que tengo los dos brazos,
las dos piernas,
el cabello largo, la sonrisa fingida,
los ojos y las largas pestañas,
todo lo que me reafirma que estoy viva
y que seguir adelante es inevitable,
para ser y reconocerme,
para averiguar qué he perdido en el camino,
para poder sacar las cuentas correctamente,
sumando y restando,
restando y sumando,
haciendo los cálculos como una contable
que audita sus propios bienes
y que luego de saberse entera
y al mismo tiempo mutilada en su imaginario,
se detiene en la oscuridad de su noche interna
y se pregunta con angustia
qué es esto que la desordena
y la vuelve un mar embravecido,
qué es eso que la hace temblar
y la vuelve azul intenso,
qué será lo que le crece adentro
como una semilla que germina
y entierra sus raíces en la carne adolorida,
qué será lo que la hunde,
la levanta,
la sacude
y al final de los días y las horas
la deja vencida en medio de la nada.


Yo también deseo que ella descubra “que seguir adelante es inevitable” y que nos siga llevando consigo a ese viaje interior.



Foto: Purple Orchid de Tamar Cedeño Ramos.

4 comentarios:

El juego literario de Ruiz Zafón.

4
miércoles, diciembre 17, 2008

Lo más interesante de Carlos Ruiz Zafón es su habilidad para hilvanar historias. Este escritor español, que sin dudas es la sensación de los últimos años, sabe cómo tramar.

He leído su último libro, «El juego del ángel», que resultó hacer juego con «La sombra del viento», el libro anterior que lanzó a Ruiz Zafón al estrellato. Ese también lo leí, sin entender del todo, entonces, por qué me atraía, pero en esta segunda oportunidad lo tengo algo aprendido.

Atravesé las más de seiscientas páginas de «El juego del ángel» a pesar de que a mí mismo la historia me parecía grandemente inverosimil y, francamente, algo ombliguista.

Así la resume la cubierta del libro: En la turbulenta Barcelona de los años 20, un joven escritor obsesionado con un amor imposible recibe la oferta de un misterioso editor para escribir un libro como no ha existido nunca, a cambio de una fortuna y, tal vez, mucho más.

Lo que he descubierto, lo que me ha enseñado Ruiz Zafón, es que no importa que la historia sea creíble, e incluso que los personajes parezcan extensiones del narrador, siempre y cuando el escritor mismo se convenza de que la historia y los personajes representan una realidad.

Y es obvio que Ruiz Zafón lo logra de manera magistral. Narra apasionadamente, a pesar de la extensión del texto, lo que se siente como una película de misterios que, a pesar de todo lo que uno pueda suponer, termina sorprendiendo.

Me guste o no este género, creo que lo que logra Ruiz Zafón es bueno.

4 comentarios: