El porqué de un pseudónimo.

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martes, septiembre 04, 2007
Pocos saben quién fue Ricardo Eliecer Neftalí Reyes, pero muchos más reconocen a Pablo Neruda. Era el mismo escritor chileno, recurriendo al pseudónimo para ocultarse y revelarse a la vez.

Igual que lo hizo Mark Twain, el satirista estadounidense cuyo nombre de pila era Samuel Langhorne Clemens. O como George Sand, la novelista francesa que cambió Amantine Aurore Lucile Dupin por ese mote masculino en una época que no favorecía a las mujeres. Tal y como Toni Morrison sirvió de alias a Chloe Anthony Wofford.

Podría citarse muchos más para decir lo obvio: Muchos escritores han sentido la necesidad de crear una identidad narrativa que les permitiera una expresión más libre. Así, Lucía de María del Perpetuo Socorro se convirtió en Gabriela Mistral. O Marie-Henri Beyle se resumió con un simple Stendhal; tal como Voltaire prefirió una sola palabra al nombre heredado de François-Marie Arouet. Hubo escritores y artistas que se disiparon desconocidos, con todo y sus nombres creados.

Más que pseudónimos, que literalmente significa “nombres falsos,” hablamos de lo que los franceses denominaron “nom de guerre” y que los ingleses cambiaron a “nom de plume”. No se trata de engaño, sino más bien del trascender simbólico de la propia personalidad.

Además, no es nada curioso que alguien que tenga como instrumento las palabras dé cierta importancia a las que se convertirían en representación de su obra. Hay muchas consideraciones que favorecen o contradicen este anonimato. El autor que usa pseudónimo renuncia a una parte de sí mismo para forjar otro vehículo de expresión. El nombre puede ser un escudo tanto como una lanza.

Neruda explicaba así su decisión de adoptar otro nombre en «Confieso que he vivido»:

“La respuesta era demasiada simple y tan falta de maravilla que me la callaba cuidadosamente. Cuando yo tenía ya 14 años de edad, mi padre perseguía denodadamente mi actividad literaria. No estaba de acuerdo con tener un hijo poeta. Para encubrir la publicación de mis primeros versos me busqué un apellido que lo despistara totalmente. Encontré en una revista este nombre checo, sin saber siquiera que se trataba de un gran escritor, venerado por todo un pueblo, autor de muy hermosas baladas y romances y con un monumento erigido en el barrio Mala Strana de Praga. Apenas llegado a Checoslovaquia, muchos años después, puse una flor a los pies de su estatua barbuda”.


Aunque todos tenemos nuestros perseguidores, hay otro punto a considerar. El nombre de autor es una distinción simbólica entre el nombre que se nos da y el que uno se gana.

Sobre el autor

Víctor Manuel Ramos es un periodista y escritor bilingüe radicado en Nueva York. Se ha desempeñado como redactor para varios medios de publicación diaria en Estados Unidos. Es autor de cuento y novela y ha publicado los libros Morirsoñando: Cuentos agridulces y La vida pasajera.

6 comentarios:

  1. El nombre artístico.

    También hay que decir que muchos de estos escritores que optaron por usar pseudónimos, tenían unos nombres y apellidos que al pronunciarlo hacen daño al oído.

    Neftalí, no se hubiese criado bien con ese, al igual que Langhorne o Amantine, o Perpetuo Socorro.

    Gabriela Mistral hasta sexy suena, una Perpetuo no me emociona.

    Saludos hermano.

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  2. Jaja, con razón lo del post. No querías que te confundieran con el salsero.

    Ese barrio de Cienfuegos es pura candela.

    Te cuidas.

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  3. Ya me estoy animando a adoptar: "nom de guerre", como mi seudonimo ;-)

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  4. Al ver en mi correo un mail procedente de Alvar Cienfuegos me ha invadido la curiosidad que se me ha convertido en sorpresa cuando he seguido el enlace y he llegado a Libro abierto. Has escogido un nombre rotundo, sonoro y con connotaciones revolucionarias. El nombre que asumes es una segunda piel que se superpone y sustituye a la tuya. Los que se convierten al Islam y los budistas asumen un nuevo nombre significaivo que les imprime carácter. Éste inicia de nuevo la historia y se distancia del antiguo nombre. Es otra vida diferente, sin condicionamientos, y lo bueno es que, cuando se ha asentado, hace olvidar al otro, antiguo y lejano ya. En la película El general della Rovere, un timador y sinvergüenza, asume la personalidad de un héroe de la resistencia, admirado por los combatientes. En la cárcel, donde le ha metido la policía para que, suplantando al verdadero general, consigua información de los detenidos, se ve poseído por el nuevo nombre y la nueva identidad. Se convierte en un personaje valeroso que morirá antes que traicionar. Un nombre, un seudónimo, es una identidad que nos permite movernos con nueva libertad.

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  5. Me ha gustado mucho este post. A primera instancia, algunas personas no entienden el por qué del seudónimo, pero si se esperan un poquito y ven un poquito más allá, se les revela la razón.
    Lindo post.

    Un abrazo.

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  6. Mientras leía tu post, me imaginaba que si yo tuviera un seudónimo, sería otra. ¡Qué interesante¡ sería una búsqueda de lo que podría ser y aún no he descubierto. Muy sabios estos señores, tiene todo su lógica. Saludos,

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