Del campo, los suburbios y la ciudad.

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lunes, marzo 13, 2006
Hoy estoy en Nueva York. Escribo desde la sala del apartamento de mi madre, desde donde se ve el Empire State Building y los muchos horizontes que crean los edificios -- y no es que regrese a vivir para acá ni que me arrepienta de irme hace más de un año (al contrario), pero yo veo belleza también en el conglomerado humano. Hay un dinamismo y una insistencia de vida que contrasta con la fealdad de la arquitectura pragmática y economizadora.

Lo que quiero decir es que sí, es cierto, no se compara el horizonte rasgado por las siluetas de los edificios con el de los árboles de pino y palmeras que veo por donde resido ahora, pero la belleza es algo más que un cuadro bucólico.

La belleza está en nosotros. Igual que la fealdad.

Es más: La vida puede cambiar y cambiarnos de manera radical sin mudarnos de lugar. El cambio de lugar, si fuere necesario, es algo sucesivo, resultante, y no el catalizador de la transformación.

De darse el asunto a la inversa, de buscar nosotros la transformación por medios externos, regresaremos inevitablemente al punto de partida. Otro escenario, otras gentes, los mismos retos.

Un abrazo neoyorquino a todos.

Sobre el autor

Víctor Manuel Ramos es un periodista y escritor bilingüe radicado en Nueva York. Se ha desempeñado como redactor para varios medios de publicación diaria en Estados Unidos. Es autor de cuento y novela y ha publicado los libros Morirsoñando: Cuentos agridulces y La vida pasajera.

5 comentarios:

  1. Un poema de C.P. Cavafis que me ha sugerido tu post.

    Dijiste: "Iré a otra tierra, iré a otro mar.
    Otra ciudad ha de haber mejor que esta.
    Cada esfuerzo mío es una condena dictada;
    y mi corazón está -como un muerto- enterrado.
    ¿Hasta cuando seguirá mi alma en este marasmo?
    ¿Adónde vuelva mis ojos, adonde quiera que mire
    veo aquí las negras ruinas de mi vida,
    donde pasé tantos años que arruiné y perdí".
    No hallarás nuevas tierras, no hallarás nuevos mares.
    La ciudad te seguirá.
    Vagarás por las mismas calles.
    Y en los mismos barrios te harás viejo;
    y entre las mismas paredes irás encaneciendo.
    Siempre llegarás a esta ciudad. Para otra tierra -no la esperes-
    no tienes barco, no hay camino.
    Como arruinaste aquí tu vida,
    en este pequeño rincón,
    así en toda la tierra la echaste a perder.

    Se titula La ciudad.

    Con afecto. ¡Qué envidia estar en Nueva York!

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  2. Gracias por eso. No conocía esa poesía. Tienes razón y enriqueces mi comprensión al compartirla.

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  3. quizá como dices el cambio de lugar no sea el catalizador de la transformación, pero como ayuda.

    cuando las calles, los parques,un rincón o hasta un poste te causan una especie de dolor por un recuerdo, el ejercicio de evitarlos es un buen paliativo.

    gracias por darle un vistazo a mi espacio, fotografías propias que complemento con palabras a veces ajenas.

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  4. Carmelia, gracias por venir por aquí. Disfruté mucho la visita por tu blog y lo agregué (junto al de Joselu que hace tiempo está ahí) entre mis favoritos. Regresaré.

    En cuanto a lo que dices: ¿el lugar ayuda? Sí, si tienes la disposición para que te ayude.

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  5. No cabe duda que me perdí muchos de tus escritos. Este en particular me llega, porque estoy en una de esas etapas en la vida, que necesito una zacudida, decirme que no pierda el tiempo... vivir la vida, suena sencillo, pero ah que fácil es olvidar...

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