El deseo de pertenecer

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jueves, febrero 09, 2006
La religión es uno de los temas más incómodos para mi. Me fastidia que alguien me pregunte a cuál iglesia pertenezco, igual que me importuna cuando alguien quiere que le revele mi salario. La razón es porque quienes hacen esas preguntas en la mayoría de los casos lo que quieren es juzgar. Quieren determinar el valor de la persona con quien hablan.

Lo peor es que no quieren respuesta. Son como el vendedor que busca un enganche -- igual que una señora que me detuvo el otro día en el estacionamiento del supermercado:

-- Hijo, ¿no te gustaría vivir en un lugar como este? -- me preguntó.

Levantaba una revista para que la viera. Mostraba una escena en la que hombre, mujer y niños reposaban sonrientes alrededor de leones, tigres y fieras apacibles. Estaban de picnic en un campo abierto. Había todo tipo de alimentos sobre un mantel. El cielo se veía resplandeciente.

-- No --le dije de una vez--, no quiero vivir en un lugar como ese, porque ese lugar no es nada más que un dibujo.

Otros exhiben todo el interés de sacarme de las llamas del infierno. Lo que molesta no es la buena voluntad, sino que ellos suponen que quienes no siguen su religión de misa y domingo están condenados.

Aprecio los mitos de varias religiones, pero me deshice hace tiempo de la idea de que un grupo tiene los derechos reservados a la verdad. Todos tenemos derecho a la dicha espiritual.

Y, sin embargo, a veces siento la necesidad de pertenecer a algo mayor que mi mismo, porque estamos hechos para la vida en comunidad. Las iglesias son unos de los pocos lugares que suplen esa necesidad en un mundo cada vez más fragmentado.

Solamente por eso me atraen.

Aun así, no satisfago el requisito de la fe ciega. Es por eso que, después de muchos años, asistiré pronto a servicios religiosos, pero sin que nadie me posea. No iré a quedarme en ningún lugar. Un domingo iré a la católica y otro a la espiscopal. Un día a la metodista y otro a la luterana. Un día a la pentecostal y otro a la bautista. Iré quizá a una mezquita y a un templo budista.

No sé hasta cuándo. Hasta que pierda el interés. Y compartiré aquí las observaciones que resulten de esa excursión.


Las paradas de la excursión:



Sobre el autor

Víctor Manuel Ramos es un periodista y escritor bilingüe radicado en Nueva York. Se ha desempeñado como redactor para varios medios de publicación diaria en Estados Unidos. Es autor de cuento y novela y ha publicado los libros Morirsoñando: Cuentos agridulces y La vida pasajera.

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