Dígale no al puerco enlatado.

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jueves, febrero 23, 2006
Hay personas que quieren que yo vea porquerías que no me imaginaba que existían, que compre Viagra a muy bajo precio, que me alargue cierta parte del cuerpo o que les ayude a recobrar unos cuantos billones de dólares que depositaron en una cuenta bancaria de Nigeria -- supuestamente a mi nombre.

Y además de eso me entero de que me saqué la lotería de Australia (aunque no la jugué) -- y que no se me olvide pasar el último mensaje que me enviaron, porque si no lo hago no tengo corazón: trata de una pobre niña que tiene cáncer y cuya familia recibirá un centavo, de parte de alguna gran corporación, por cada correo que se envíe. Qué tierno.

Por si eso fuera poco, si comparto el siguiente correo con tres personas se me concederá un deseo. Luego, aparece una fulana que insiste en comentar que mi blog es muy inquisitivo (¿qué me habrá querido decir?), pero que de paso vaya de una vez a ver el de ella que es toda una aventura.

¡Basta ya!

Supongo que la mayoría sabrá de qué hablo, a menos que viva en una caverna de Afganistán (y tal vez hasta “él” lo sepa). Es el maldito espam. Españolizo el nombre porque no sabría cómo traducir semejante término. El “spam” original es en inglés un embutido enlatado, carne de puerco, que a muy poca gente le gusta. Se adoptó su nombre para el fenómeno del correo electrónico impertinente, porque fue sujeto de una cancioncita molestosa en una comedia televisiva de Inglaterra. En ella se repetía la palabra hasta las náuseas, ahogando toda conversación.

Ese es el efecto que tienen los ciento veintitrés correos como esos que me llegan a diario: náusea.

Pero ya que lanzo esta diatriba hacia la nada, quiero que sea útil: Combatamos todos el espam, negándonos a pasar los correos en cadena, borrando los mensajes de suerte y deshaciéndonos de los chistecitos infantiles -- que sirven solamente para reunir direcciones a los que tratan de vendernos tanta cochinada. Si el correo es tan importante que usted tiene que enviarlo a mucha gente, háganos a todos un favor y envíenos copias anónimas (Bcc) para que no se siga propagando este embutido.

Ah, y por si acaso, no caiga en la tentación de alargarse ninguna parte del cuerpo.

Sobre el autor

Víctor Manuel Ramos es un periodista y escritor bilingüe radicado en Nueva York. Se ha desempeñado como redactor para varios medios de publicación diaria en Estados Unidos. Es autor de cuento y novela y ha publicado los libros Morirsoñando: Cuentos agridulces y La vida pasajera.

5 comentarios:

  1. Comprendo el sentimiento. Minutos preciosos de mi vida me la paso borrando correos que hace mucho tiempo me niego a abrir. ¿Y que me dices de esos descarados que se hacen pasar por instituciones bancarias y te piden que escribas tu número de seguro social para confirmar la supuesta transacción que nunca realizaste? Una porquería verdaderamente.

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  2. ¡Cómo me entretengo con tus posteos! ¿Puerco enlatado?. Me encanta. ¿Qué tal todo? ¿Los chicos bien? ¿Tu mujer bien? ¿El trabajo estupendo?.
    Un abrazo

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  3. Gracias por tus comentarios en "La bóveda". Me ha gustado mucho lo de la fisicalidad de mis escritos.
    Y espero con impaciencia que sigas escribiendo posteos porque me entretengo mucho con ellos.
    Al final, voy a leer con mis alumnos el cuento de Nueva York bajo la nieve, si no tienes objecciones. Ya te contaré. Si decidimos hacer un foro en internet, ye avisaré.
    Un saludo cordial.

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  4. El colmo es cuando tienes que utilizar un filtro antiespam que te cuesta casi tres euros al mes. Recibo,no obstante, unos cuantos al día. Los borro inmediatamente y no continúo ninguna cadena. Realmente es una plaga. ¿Cómo va tu libro? Ojalá esté teniendo difusión. Yo disfrute con sus historias. Siempre me viene a la memoria Crismas en Nueva York. Creo que se llama así. Es escalofriante. Un cordial saludo.

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  5. Permíteme informarte que eso sólo quiere decir una cosa - y te la digo con todo respeto-: no sabes configurar tu mail de manera adecuada, filtrando el 97 porciento del spam.

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